Des Marbel (con “b”, sí) no es un homenaje (con errata incluida) a la famosa editorial de cómics –le guardo más respeto; aunque bien podría tratarse de una heroína, por el solo hecho de ser una mujer en esta sociedad. Siguiendo la máxima de Ben Vautier “cambiar el arte – destruir el ego”, Des Marbel es un nombre ficticio y su arma de cambio es la escritura: contar historias del arte y de la vida, sin distinción o división. Escribir como un impulso, sin mayores pretensiones.

Defiende el ejercicio de pensar por uno mismo, sin acabar en los derroteros del intelectualismo (aunque esté de moda meter citas de Foucault hasta en la sopa) y sin olvidar que, eso a lo que llamamos ARTE, tiene más que ver con el sentir y las emociones que con cualquier otra cosa. Así, pues: la subjetividad, lo visceral o lo espontáneo serán el leitmotiv de sus relatos. El encuentro fortuito (con una exposición), el amor a primera vista (aquel que surge de un libro) o  las divagaciones (unas más reflexivas o críticas, otras más irónicas o absurdas) que vayan surgiendo. Porque el arte también hay que tomárselo con humor.

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