La mujer caníbal en el surrealismo: el mito de la mantis

“El canibalismo es femenino”
André Masson

Las historias sobre mujeres salvajes y antropófagas que han encarnado los temores masculinos a lo largo de la historia, llegarán hasta el siglo XX con imágenes de caníbales, brujas, esfinges, arpías, bacantes, etc.  En el siglo XIX se extendió también la idea de que las mujeres republicanas eran caníbales o así lo entendía el aristócrata francés François-René Chateaubriand al referirse a Théroigne de Méricourt, una de las primeras feministas de la historia, y a sus “tropas de mujeres caníbales” que “como hienas después de la victoria mutilaban los cadáveres, les abrían el vientre y se los comían […].”[1]

En este sentido, los surrealistas continuarán con esta tradición del miedo del hombre hacia la mujer, sirviéndose también de los escritos de Freud y de la imagen de la femme fatale, y establecerán como figura femenina principal en sus obras a la mantis religiosa, elevándola a la categoría de mito. Las prácticas sexuales de la mantis (devora al macho durante o después de la copulación) funcionarán de metáfora perfecta para plasmar la obsesión por la sexualidad y el erotismo que sufrían los surrealistas, ya que relacionaban tanto al sexo como a la mujer con el canibalismo y la muerte. Pero la mantis no es el único insecto que devora a su amante después del coito, también es un fenómeno común entre algunos tipos de arañas, escorpiones y cucarachas, insectos todos, incluida la Viuda Negra, que se convierten en símbolos de la mujer fatal.

imatge.phpSalvador Dalí, El espectro del Angelus, 1934

No obstante, los surrealistas se sienten especialmente atraídos por la mantis por su forma humanoide y su extrema violencia sexual, ya que esta podía devorar al macho antes de finalizar el coito, algo que sorprendía considerablemente a los surrealistas, como afirmaba Jean Henri Fabre (1823-1915) en su escrito sobre las costumbres de los insectos: “comerse al macho después de consumada la boda, devorar al enano sin fuerzas, desde este momento inútil, puede entenderse, hasta cierto punto, en el caso del insecto poco escrupuloso en materia de sentimiento; pero zampárselo durante el acto, eso sobrepasa todo lo que sería capaz de soñar una imaginación atroz. Yo lo he visto, con mis propios ojos, y todavía no he salido de mi asombro…”[2].

La mantis, por tanto, se propagará por las obras de artistas como Salvador Dalí, Alberto Giacometti, André Masson, Max Ernst o Pablo Picasso, mientras que André Breton y Paul Eluard las cultivaban en sus casas e invitaban a sus amigos surrealistas a observar el espectáculo del macabro acto sexual. Por su parte, Roger Caillois, escritor, sociólogo y crítico literario de la época, contribuirá al mito de la mantis en dos de sus ensayos publicados en la revista surrealista Minotaure: “La Mante religieuse” (1934) y “Mimétisme et psychasténie légensaire” (1935).

Caillois explicaba cómo los hábitos nupciales antropofágicos de la mantis expresan la interacción del amor y la muerte, cuestión que también trató Freud en Más allá del principio del placer (1919-20). De este modo, la mantis representa los dos instintos primordiales para el psicoanálisis: Eros o el lívido sexual y Thanatos o la muerte y/o el deseo de autodestrucción.  Esta teoría alude, simultáneamente,  al temor que sienten los surrealistas por ser devorados por la mujer durante la cópula y al deseo por formar parte también de este canibalismo sexual, considerado como una “unión divina” con su amante o, en palabras de Dalí: “Siempre había pensado que el destino del macho de la mantis ilustraba mi propio caso frente al amor”[3]. Además, los surrealistas sienten la esperanza de liberarse de sí mismos durante este acto como si en el estado de la inconsciencia se encontrasen.

daliSalvador Dalí, Gala y “El ángelus” de Millet precediendo la llegada inminente de las anamorfosis cónicas, 1933

Salvador Dalí será uno de los artistas que más obsesionados se sientan por la sexualidad y su violencia, aludiendo a la mantis religiosa en numerosas ocasiones. Su escrito El mito trágico de “El Angelus” de Millet (1932-35) no trata de otra cosa que de la mujer como depredadora del hombre, ya que el artista explica como la mujer que aparece en el cuadro de Millet al lado del marido adopta “la típica postura de espera. Es la inmovilidad que preludia las violencias inminentes. Es también la clásica actitud de los saltos de animales, es la común al canguro y al boxeador; y sobre todo, la que ilustra con resplandor la mantis religiosa (actitud espectral)”[4]. Su “paranoia crítica” por esta obra le llevó a pintarla y a realizar diferentes versiones de la misma, un ejemplo lo encontramos en Gala y “El ángelus” de Millet precediendo la llegada inminente de las anamorfosis cónicas (1933), donde aquí es Gala, su amante y musa, la mantis en pleno proceso de metamorfosis – otra de las habilidades que los surrealistas admiraban de la mantis religiosa era su táctica de camuflaje o metamorfosis, a la que Caillois llamó “mimétisme”. Al mismo tiempo, Dalí la identifica con su madre, reminiscencia a Freud y a su teoría del temor del niño a la castración, a la que recordaba “chupando, devorando mi pene”[5].

Sin embargo, la manera más común de representar a la mantis era con la forma de una vagina dentada, simbolizando el canibalismo y la castración, miedo perpetuo del penetrador. Un ejemplo de ello lo encontramos en la imagen que realizó Roberto Matta para la última portada (1944) de la revista VVV (editada por Breton, Duchamp, David Hare y Max Ernst), en la que claramente se dibuja una vagina como una boca llena de colmillos.

Matta_VVVRoberto Matta, Vagina dentada, 1944

André Masson, por su parte, utilizará de forma consciente la figura de la mantis debido a su obsesión por la violencia. Podemos verlo en obras como Divertissement d’été (1934), donde aparecen distintas mantis en lo que parece una orgía  o en su Maniquí (1937), fotografiado por Raoul Ubac y realizado para la Exposición Internacional del Surrealismo de 1938, que representa el cuerpo de una mujer con  la cabeza dentro de una jaula y con una flor depositada en la boca que podría aludir a la vagina dentada.

1292404137410_fAndré Masson, Maniquí, 1937

Por último, encontramos un caso peculiar en Giacometti y en su obra Mujer con la garganta cortada (1932), donde utiliza la figura de la mantis de forma violenta. El insecto femenino aparece sin fuerzas, desmembrado, como si hubiese sido pisoteado y de su boca sale una pequeña cabeza con la boca abierta que podría representar al macho asesinado, mientras que la garganta cortada parece funcionar a modo, quizá, de dos piernas abiertas simbolizando la vagina dentada. Es decir, la mantis mutilada por la violencia masculina, ¿una venganza, tal vez? Un dato curioso es que Giacometti era estéril, así que la escultura podría ser una representación de su impotencia y/o una represalia a la mujer y, particularmente, a su madre, con la que no gozó de una buena relación. En cualquier caso, bien podríamos llamar a esta escultura un acto, aunque alegórico, de violencia de género.

giacometti4Alberto Giacometti, Mujer con la garganta cortada, 1932

En definitiva, la representación de la mujer a través de la figura de la mantis en el arte surrealista funciona, como apunta Rosalind Krauss, como “un símbolo perfecto de la madre fálica, fascinante, petrificante, castradora”[6], pero tiene igualmente un sentido negativo: la mujer se percibe al mismo tiempo como objeto de deseo sexual y como amenaza del hombre (por su miedo a la castración, a ser devorado), incluso suscita repugnancia. Hecho que podría demostrar la actitud de los surrealistas con las mujeres de su época, ambivalente y, cuanto menos, misógina.

——

[1] ROCHA, Servando (2012), La facción caníbal. Historia del vandalismo ilustrado, La Felguera: Madrid, p. 114.
[2] FABRE, Jean Henri (1998), “Las costumbres de los insectos” en El mito trágico de “El ángelus” de Millet de Salvador Dalí  (documentación gráfica de Robert Descharnes), Tusquets Editores, Barcelona, p. 140.
[3] DALÍ, Salvador (1998), El mito trágico de “El ángelus” de Millet (documentación gráfica de Robert Descharnes), Tusquets Editores, Barcelona p. 96.
[4] DALÍ, Salvador (1998), El mito trágico de “El ángelus” de Millet (documentación gráfica de Robert Descharnes), Tusquets Editores, Barcelona p. 78.
[5] DALÍ, Salvador (1998), El mito trágico de “El ángelus” de Millet (documentación gráfica de Robert Descharnes), Tusquets Editores, Barcelona p.107.
[6] KRAUSS, Rosalind (1985), “Corpus Delicti” en October, vol. 33, p.48, consultado en http://www.jstor.org/stable/778393
Anuncios

Un comentario sobre “La mujer caníbal. Una lectura feminista de la antropofagia. Parte II

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s